¿Cómo mejorar la productividad en el trabajo?

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Tenemos cierta tendencia a pensar que la mejora de la productividad en el trabajo es algo que sólo interesa al empresario. Lógicamente, al empresario le interesa que los trabajadores sean productivos, pero optimizar el trabajo para poder cumplir sus objetivos también es algo fundamental en el desempeño profesional de cualquiera.

No sólo por lo que de promoción profesional puede llegar a tener, también porque el cumplimiento de objetivos es una herramienta generalmente satisfactoria a largo plazo, y que permite, también, disponer de un mayor control sobre las actividades profesionales, más tiempo, y en general, mayor proyección.

Tres ideas para mejorar la productividad

Cuando se toma la decisión personal de tratar de mejorar la productividad en el trabajo, al margen de los esfuerzos o campañas que la propia empresa disponga, se deben valorar algunos aspectos e ideas que pueden ser realmente importantes, como las siguientes.

En primer lugar, y aunque parezca un contrasentido, debemos acostumbrarnos a tomarnos nuestro tiempo al empezar la jornada laboral. Este aspecto es muy importante y no siempre lo aplicamos de manera correcta.

Al tomarnos un pequeño tiempo de planificación, que no debe ser tampoco excesivamente elevado, vamos a poder distribuir mucho más las primeras acciones diarias en nuestro trabajo. Habitualmente, las primeras acciones van a ser determinantes en relación al resto de la jornada. En muchas ocasiones no realizamos la planificación correcta de cómo atender ese tipo de actividades que, en muchos casos, son incluso laterales: contestar un correo, limpiar una herramienta, ordenar un cajón…

En segundo lugar, es importante establecer una estructura mental clara de los procesos que vas a realizar a lo largo del día. De hecho, si puedes establecer una estructura mental de tu trabajo a largo plazo probablemente todo va a mejorar.

Estructurar las tareas

Al hablar de estructura mental no sólo hablamos de planificación respecto a las tareas, también de cómo se acometen, y de tu implicación respecto a cada una de ellas dependiendo de tu área de responsabilidad. No siempre determinamos de manera clara cuáles son nuestras funciones, o incluso, no siempre se nos ofrece esta clarificación. Y esto es vital: debemos estructurar claramente lo que vamos a hacer, cuáles son los procesos adecuados para un buen desempeño, y aquellos aspectos de nuestras tareas que nos corresponden y los que no. Siendo capaces de comunicar al respecto lo necesario, es decir, no asumir tareas que no nos corresponden, pero no abandonar tareas que nos podrían corresponder.

Otro aspecto relevante, con el que cerramos este artículo, es aprender a no atascarse. Y aquí podríamos decir que a veces los atascos en el trabajo van a ocurrir independientemente de nuestra voluntad, esto es verdad, y además un hecho comprobable.

Pero, también es verdad que en muchas ocasiones nos ofuscamos en tareas o acciones que, probablemente, con una situación de serenidad seríamos capaces de resolver, o incluso, consultando a terceras personas algo que deberíamos hacer más a menudo antes que quedarnos atascados ante un problema que no sabemos resolver.

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